NATURALMENTE FLAMENCO

Sigue patente y con mucha fuerza la cultura del flamenco. El paso de los años, la globalización y las modas discográficas son incapaces, tanto en conjunto como por separado, de arruinar la esencia de este arte andaluz. Estamos constantemente bombardeados con todo tipo de publicidad, estereotipos abruptos y demás información interesadamente manipulada y es en el flamenco donde encuentro un punto y aparte en mi propio guión, una verdad. Es por eso por lo que no puedo estar de acuerdo cuando oigo o leo frases como: “el flamenco ya no es lo que era…” o “¿qué es flamenco-fusión?, eso ni es cante ni es ná…”. Por suerte para muchos, el flamenco sigue vivo, y muy vivo, sólo hay que querer saber dónde. Existen rincones en los que aún se canta por amor al arte, por amor, por qué no, a un buen vino, a una amistad, sencillamente, por amor. El que canta, baila o toca se traslada a otro tiempo y se lleva con él al que escucha, y lo transporta a ese tiempo donde importaba tanto la libertad, donde se denunciaban el maltrato y las injustas persecuciones racistas, donde se gritaban alegrías sin grandes pretensiones... Por supuesto que no es un arte anticuado; evoluciona y crece pero no pierde de vista la raíz. Estar influenciado por otras músicas no es desestimar los cánones del flamenco, pueden preguntar a Enrique Morente, Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar, entre tantísimos otros. Ya decía José Monge El Camarón, que en paz descanse, que la gente no entendía su manera de cantar. ¡Ahora sí, José!, pero ha tenido que transcurrir un tiempo para que eso ocurra. ¿Qué hicieron si no músicos tan geniales como La Niña de los Peines, Don Antonio Chacón o Ramón Montoya? creaban y recreaban estilos dándole ese carácter flamenco a todo lo que tocaban. Investigaban y estudiaban posibilidades, incluso importaron canciones de origen latinoamericano y adquirieron un sello único en sus voces y por supuesto nadie se plantea extirpar esos estilos del árbol genealógico del cante. Existe ya un gran número de personas muy interesadas por esta música y poco a poco se van aclarando los orígenes y formas primitivas. Así que le invito a estudiar todo cuanto quiera, pero sobre todo, a que se siente a escuchar un buen cante, a dejarse llevar por lo que le haga sentir y a abandonar, si es que los tiene, los prejuicios al respecto. Porque pocas cosas hay mejores para entender cómo era, y es, el pueblo andaluz, que el flamenco. Un pueblo que arropa a sus visitantes y los integra en él, pues por Andalucía pasaron un sinfín de culturas, de ahí nuestro riquísimo folclore y su ascenso a arte. El flamenco sigue siendo una música original y cada vez más conocida y valorada. Fuera de nuestras fronteras es un verdadero acontecimiento cultural de gran importancia aunque aquí, aún hoy, haya gente que se empeñe en catalogarlo como una forma frívola de expresión, postura totalmente infundamentada. Mi intención no es otra que la de defender la naturaleza de nuestra música y encomiar a los artistas y estudiosos que dedican gran parte de su vida a salvaguardar las propiedades de lo que deberá ser Patrimonio de la Humanidad, esto es, de Andalucía para el mundo. Naturalmente, es flamenco.

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